viernes, 5 de junio de 2009

Entrevista a Gustavo Cordera

Primero de todo, muchas gracias a Daniela Sapere por permitirme hacer una publicación en su gran blog. Esta es una entrevista a Gustavo Cordera, no muy reciente, pero que dice lo que el sentía viviendo en Capital, por qué se alejó de ella, por qué dejó de hacer su música rebelde y muchas otras cosas más. Sin mucho más que decir, lean esta nota.

Sentado en un tronco sobre la arena, con el torso desnudo, la pelada y la barbita asiria a contraluz de la puesta del sol, y el sonido de las olas acompañando sus palabras, Gustavo Cordera parece un líder espiritual: el Profeta de la Sunga, a juzgar por su indumentaria. Apasionado, explica las razones de la histórica invasión de cascarudos que asoló a la costa uruguaya, habla del movimiento de las nubes, de placas geológicas, del poder del fuego, del "nuevo mundo que se viene". Y afirma: "Hoy la revolución es abrazar a un árbol, acercarse a una persona y decirle que la querés, respirar aire, surfear, manejar la dimensión del cuerpo. Buscar la paz, un lugar donde uno pueda existir. Porque si estás siempre enojado, siempre peleándote y siempre puteando, sos sólo una reacción; nunca estás vos adentro tuyo".

¿Qué le pasó al hombre que cantaba eso de se viene el estallido? Empecemos por el principio (o el final): desde el 5 de enero, Cordera vive con su mujer y sus tres hijos en La Paloma, un encantador pueblo de seis mil habitantes ubicado a 90 kilómetros de Punta del Este. Por eso, ahora estamos escuchándolo en la Playa de los Botes, con Daniel Suárez —vocalista de Bersuit—, Jorge Pizarro —mana ger de la banda—, y el atardecer como testigos. Basta preguntar "¿cómo llegaste hasta acá?" para que Cordera se despache con un monólogo largo, solemne y con reminiscencias de Greenpeace.

"Hace muchos años que empecé a darme cuenta de que tenía que cambiar drásticamente mi hábitat, como un animal que decide migrar. Soy de Buenos Aires: estuve 45 años de mi vida ahí. Por eso puedo decir que está en un momento de decadencia inigualable, debido a la superpoblación y a la cristalización de esa idea de progreso que comenzó a acentuarse en los 90. Hoy se están vendiendo 500 mil autos por año: en cinco años va a ser irrespirable, invivible. Entonces decidí, por lo menos temporariamente, emigrar. Para respirar, y no sufrir la sobrecarga de información y esos ataques de las empresas que te hacen creer que necesitás tener banda ancha, celulares, autos, ropa de marca, alarmas, seguros. Es muy delicada la situación de los seres humanos que viven en las grandes ciudades; hay mucha alienación. Todo forma parte de una degradación que es especialmente contradictoria para los argentinos, porque este resurgir económico era lo que esperábamos desde hacía años".

Cordera se detiene para armar un cigarrito: sumerge la cabeza en una bolsa de plástico, lo enciende, sale del refugio anti-viento y sigue descargándose. "Si hay algo que me parece interesante dentro de mi alma es la rebeldía. Cuando más degradado estaba como persona, me rebelé contra mí mismo y dije quiero estar bien. Me rebelo al rocanrol, a la historia de tener que estar hecho mierda, de tener que convertirme en un Cristo moderno, crucificado con mis drogas. Me rebelo, porque soy rebelde. Y me rebelo contra el tener: quiero estar en la dimensión del ser. Por eso, lo primero que hice a fin de año fue regalar mi ropa: me quedé con un par de remeras y pantalones, ando en sunga... Tengo una gran necesidad de soltar cosas".

"La naturaleza es así. Cuando vivía en la casa tomada del Docke, no entraba nadie a robar. Vinieron Santaolalla, Jaime Torres, León Gieco, el actor Gael, y estaban aterrorizados. De repente pasás del deber al tener. Y alguien que no tiene ve tu casa como una posibilidad".

-E.: ¿Cuándo empezó el proceso que desembocó en la mudanza?

- G. C. :Con La argentinidad al palo. Pagué carísimo el éxito, en cuerpo y alma. No me lo pude bancar: fue muy fastidioso para mí no tener más comunicación con el mundo, no poder salir a la calle. La gente me veía y era asediarme, pedirme. Necesité estar en un lugar donde la gente hiciera su vida y yo la mía. Volver al barrio, conectarte con un vecino de manera informal, sentirte uno más de mundo. A mí dame una guitarra, prendé un fuego, traé unos vinos, que estén las chicas y los amigos, y puedo estar 50 años así. No pretendo más que eso. Todo lo demás, la acumulación, el tener, me resulta muy pernicioso para mi alma. Porque soy un tipo obsesivo, y me obsesiono en qué hacer con la plata. Eso desata lo peor de mí, me pone feo como persona. Este sistema nos enseñó dos cosas: a deber o a tener de más. Yo me pasé toda la vida debiendo, hasta que de un día para el otro me empezó a sobrar lo que tenía. Los animales matan cuando tienen hambre, pero los humanos vivimos en la indigencia o en la acumulación. Y de esas dos cosas, veo más saludable a la indigencia.

-E: ¿Venir acá fue una manera de resolver las contradicciones que te provoca tener plata?

- G. C. :En mi caso no hubo contradicción: así como la pasé bien cuando no tenía plata, traté de hacerlo cuando la tuve. Antes de Bersuit tenía una agencia de autos que me daba dinero, pero dejé ese mundo. Tomo con mucho agradecimiento que me haya ido bien con la música: demuestra que el mundo también paga por cosas que tengan que ver con lo espiritual y el arte. Lo que pasó fue que perdí mi naturaleza para conseguir las cosas. El éxito te achancha, te come las tripas, te soborna. Te dan premios Gardel, Grammies, Oscars. Regalan bebida y drogas gratis a gente que es alcohólica y drogadicta. ¿Qué onda es esa? El éxito te hace perder la capacidad para seducir: todas las mujeres quieren estar con vos sólo porque sos un capo del rock. A mí me hace sentir vivo cuando una mina que está embelesada conmigo me dice sos un imbécil, mediocre, estúpido, grosero, poco hombre(que lastima, nunca voy a poder decirle eso...). Porque con el éxito, el vínculo que tenés con la gente se hace ficticio: es "te doy todo, pero dame todo", y podés terminar despedazado. Después de estos veinte años de rocanrol, me di cuenta de que debo ser una persona de buen corazón, porque estoy vivo. Hay que tener un corazón fuerte para sobrevivir a tanta fisura, a todo lo que hay antes, después y durante los shows.

- E. :Con esa vida, ¿cómo lograste mantener a tu familia unida?

- G. C. :Por lo mismo: porque tengo buen corazón. Y no es poca cosa.

- E. :¿Qué vida hacen en La Paloma?

- G. C. :La misma que yo hacía hace 30 años en Avellaneda. Mis hijos juegan en la calle, van en bicicleta a la escuela... En San Telmo no salían solos, vivíamos con una paranoia tremenda. Tenía que hacer algo por mi propia felicidad, porque ya había hecho mucho por la felicidad de los demás.

- E. :¿Cómo es la dinámica de Bersuit, con vos viviendo lejos?

- G. C. :Hermosa. Ahora que no estoy en Buenos Aires, la banda está funcionando mejor, está tocando mejor, hay más onda entre todos los pibes. Porque conmigo encima, tomando decisiones, sin delegar, les quitaba libertad para entrar en su propia dimensión. Y la mía: otra de las cosas que vine a hacer era a limpiarme de información. Y a pegarme un viaje, en principio, al aburrimiento, y después, a la tristeza, para seguir avanzando hacia otros horizontes. Indagué el aburrimiento, y es el momento en el que se me ocurre la música más profunda. En Buenos Aires, cada vez que te aburrís prendés el televisor, llamás por teléfono a alguien, o te metés en Internet a ver boludeces. Así tapás tu voz interior. Yo estoy empezando a escucharme, y a verme. Y lo que veo no me gusta en absoluto.

2 comentarios:

  1. un fana de bersuit, se integra en la lectura y opiniones.

    un saludo

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  2. Gran entrevista. Dónde se publicó?

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